“Todas nuestras facultades, y también todos nuestros defectos, se oponen a esta concepción del trabajo impersonal, repetido en iguales y vacías porciones de tiempo: la lentitud y cuidado en la tarea, el amor por la obra y por cada uno de los detalles que la componen, el buen gusto, innato ya, a fuerza de ser herencia milenaria. Si no fabricamos productos en serie, sobresalimos en el arte difícil, exquisito e inútil de vestir pulgas.”

El laberinto de la soledad

Octavio Paz

 

 

Octavio Paz, lo deja muy claro; algunos trabajos (o su cultura laboral) implican la realización de tareas que exigen casi un aniquilamiento de todo lo que hace a una persona un individuo, es decir, alguien con rasgos específicos, una historia, un mundo interno y externo, y una serie de recursos físicos y psicológicos que lo llevan lidiar con la realidad de una forma muy particular.

 

La suma de esos factores, hace que, sin lugar a dudas, cada persona se desempeñe de forma diferente, y no estamos hablando sólo de la calidad de su trabajo, sino también de aquello que personifica cada tarea.

 

Si bien existen labores en las cuales es difícil imprimir “nuestro sello”, eso no significa que la persona tenga que dejar al margen todo lo que lo hace ser él o ella.

 

Cada sujeto, vive, siente, desea, padece, ignora, crece y decrece a su ritmo; así, si la persona siente que puede desarrollarse hará algo inigualable convirtiendo el trabajo en un espacio también recreativo, es decir, un lugar donde puede volver a crearse a sí mismo.

 

Florencia Bevilacqua

florenciabevilacqua@psipre.com

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Florencia Bevilacqua
Jefa de Clínica y Psicoterapeuta Mty