| Asesino en Serie: Roberto González Ruíz |
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Roberto González Ruiz, encantador y despiadado Como ejemplo de una personalidad psicópata rescatamos el caso de Roberto González Ruiz, de 35 años, quien actualmente cumple condena de 60 años por secuestro y asesinato en un penal de la Ciudad de México. En el módulo de alta peligrosidad en el que pasa sus días consume y vende drogas. Ha tenido diversos trabajos, pero en casi todos ellos sólo permanece una semana. Con frecuencia padece ataques violentos contra quienes no cumplen sus expectativas y los reclusos que conviven con él lo tratan con una mezcla de miedo y respeto. Su historia criminal inició cuando tenia nueve años, al robar equipo de su escuela. Tan sólo dos años después a los 11, ya se dedicaba a robar automóviles. Frecuentemente era expulsado de la escuela por desafiar y agredir a los profesores y prefectos. Cuenta que, desde pequeño, le gustaba quemar gatos y perros, ya que gozaba al mirarlos correr incendiados como si fueran “bolas de fuego”. La lista de los delitos en los que participó es larga: robo a tarjetahabientes en bancos y cajeros automáticos, secuestro, tortura y asesinato. Nunca tuvo un trabajo estable, aunque en concepción robar era su profesión. En su interacción resulta ser una persona muy amigable, frecuentemente, tenía “amigos” de su pandilla, pero debido a riñas que se generaban entre ellos y al consecuentemente distanciamiento, solía abandonarlos y formar grupos nuevos. Nunca se casó aunque ha tenido varias parejas. La relación más larga que tuvo duró tres meses y terminó por la violencia con la que convivían. En la cárcel lo suelen visitar tres “amigas” diferentes, aunque él se autodefine como monógamo. Roberto es una persona que puede relatar con detalle como torturaba y descuartizaba a las víctimas secuestradas cuyos familiares no pagaban el rescate para liberarlos. Así mismo, cuenta cómo algunos de los asesinatos que cometió eran realizados por contrato previo. De todas estas acciones no reporta tener sentimiento de culpa ni de lástima. Al cuestionarlo sobre este asunto simplemente responde que “era un trabajo” y que era “su vida o la de la otra persona”, ya que, si no las mataba, los que lo habían contratado lo matarían a él. Roberto entra en la clasificación de trastorno de la personalidad antisocial, ya que manifiesta un patrón continuo de rompimiento de reglas y de violación de los derechos de otros que se inicia antes de los 15 años y continúa en la etapa adulta. Este criminal muestra una falta de conformidad con las reglas sociales, impulsividad, agresividad e irresponsabilidad. Sin embargo, además de su conducta antisocial, presenta una alteración emocional: es encantador, manipulador, no experimenta sentimientos de empatía ni de culpa y no es capaz de formar lazos emocionales. En la Escala de Hare, Roberto obtiene un puntaje de 36, cifra que lo define como un psicópata. |