| Asesino en Serie: Luis Alfredo Garavito |
El caso de Luis Alfredo Garavito
![]()
Una cruel figura rompió en 1999 con la idea de la estereotípica del asesino serial intelectual, metódico, culto y con gustos refinados que personifica Hannibal Lecter. Hablamos de Luis Alfredo Garavito, quien, aprovechando la desgracia de una nación en medio de la guerra civil más prolongada que ha experimentado el hemisferio occidental, cometió cientos de crímenes sin que nadie se percatara. A pesar de que en abril de 1999 fue detenido en las cercanía de la ciudad colombiana de Villavicencio por el intento de violación de una menor, y aunque desde un principio confesó el asesinato de centenares de niños, las autoridades judiciales no le creyeron hasta que uno de sus familiares presentó una caja que contenía las fotografías recortadas de las identificaciones tomadas de sus víctimas, así como un calendario donde marcaba fechas de sus asesinatos, realizados en las regiones de Quindío, Tunja, Armenia y Pereira. La macabra operación de Garavito era sorprendentemente sencilla: fingiendo ser un vendedor ambulante, un transportista de ganado, un campesino, un representante de algún organismo de ayuda a los desamparados o algún oficio callejero, solía engañar a los niños desamparados de entre 11 y 13 años que se encontraran en las cercanías de mercados con promesas de dinero o empleos. Luego de llevarlos a campos de cultivo alejados, Garavito los torturaba, violaba, degollaba y mutilaba) a veces cortándoles los testículos desmembrándolos) para finalmente enterrarlos a flor de tierra.
Garavito cometía los asesinatos luego de beber grandes cantidades de alcohol. En el caso de este activo homicida, los exámenes psicológicos revelaron que poseía una inteligencia más baja que el promedio. En cuanto a las motivaciones de su conducta criminal, un asomo a su pasado mostró pruebas inquietantes: golpeado por su padre y abusado por sus vecinos durante la infancia, desde pequeño estuvo vagando por una Colombia rural estremecida por la guerra civil, las masacres cotidianas y la violencia armada. Diagnosticado con un cuadro de psicosis y en general una conducta antisocial y trastornos de personalidad, este hombre pudo sostener una doble vida, pues solía vivir temporadas con mujeres que incluso tenían hijos a quienes jamás les puso un dedo encima. De cualquier modo queda la duda: ¿cómo es que un hombre tan limitado intelectualmente pudo matar a centenares de personas entre 1992 y 1999 escapando durante tanto tiempo de la policía? La respuesta de los expertos se encuentra en la guerra civil: con las estructuras judiciales atareadas con los incidentes de la violencia guerrillera, los recursos destinados a la investigación judicial severamente recortados (en la época de los asesinatos el país carecía de bases de datos de huellas dactilares de criminales), problemas de coordinación entre las estructuras policíacas del país, una sociedad con cientos de miles de personas deambulando y miles de niños desamparados económica y emocionalmente, era relativamente fácil que un hombre pasara desapercibido ofreciendo trabajo a infantes, cuya muerte pocos o nadie lloraría. A pesar de todo, este despreciable asesino ha corrido con buena suerte, incluso la naturaleza estaba de su lado: en 1999 un terremoto arrasó la ciudad de Armenia, donde fueron destruidos expedientes criminales que pudieron haber sido empleados en las investigaciones de los asesinatos. Por si esto no bastara, debido a su confesión, el sistema legal colombiano lo dispensó de un juicio abierto, aunque fue condenado a más de 2,600 años de prisión por su culpabilidad en 160 asesinatos. Sin embargo, debido a que ha presentado buena conducta en prisión y a que el código penal colombiano prohíbe las penas de más de 40 años de cárcel, es probable que en el trascurso de la presente década sea candidato a una prelibreación
|