| Asesino en Serie: Goyo Cárdenas |
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Goyo Cárdenas
En 1942, Gregorio Cárdenas Hernández era un joven de 27 años de edad, estudiante de química en la Universidad Nacional Autónoma de México. Vivía con su madre en el barrio capitalino de Tacuba, y era lo suficientemente inteligente como para haber ganado una beca de Petróleos Mexicanos, donde además de trabajar como taquígrafo, formaba parte del sindicato de trabajadores de la empresa. A pesar de su excelencia académica, tenía ya una mancha en su vida. Tiempo atrás se había casado con una mujer llamada Sabina Lara. Debido a acusaciones de abuso por parte de la madre de ella, el matrimonio había terminado al poco tiempo sin siquiera haber vivido juntos, lo cual habría creado un trauma en Cárdenas. Para 1942 Gregorio se había recuperado del golpe, iniciando una relación con una compañera llamada Graciela Arias. La tragedia comenzó cuando, tras una discusión el 2 de septiembre de ese año, Goyo había perdido el control y la había asesinado en su propia casa. La denuncia del padre de la joven hizo que la policía terminara cateando el domicilio de Cárdenas. En el lugar se encontró el cadáver de la muchacha enterrado en el jardín de la casa, con el sorprendente hallazgo de tres cuerpos femeninos que presentaban diversos estados de descomposición y que, como después se supo, habían sido asesinadas durante el mes de agosto. María de los Ángeles González, Rosa Reyes y Raquel Martínez. Todas ellas prostitutas de profesión. Gregorio Cárdenas no opuso resistencia al arresto (llevado a cabo dentro de un hospital donde él mismo se había internado después del último homicidio) y el 8 de septiembre él mismo redactó su confesión, donde narraba con lujo de detalles los crímenes cometidos y su modus operandis: salvo su novia, el resto de las mujeres fueron asesinadas de la misma forma: “tras el acto carnal (…) sintió que la sangre le hervía las venas, y no pudo evitar experimentar odio y repugnancia por lo que acababa de cometer y por la mujer con quien había estado”, declaró el asesino. De esta manera, el caso adquirió notoriedad y el asesino se convirtió en una especie de celebridad reservada para políticos de altos vuelos: su casa se volvió lugar de peregrinación, su vida motivo de películas, obras de teatro y de comedias, mientras que el mismo Goyo fue objeto de reportajes y crónicas. Con todo, los médicos no se ponían de acuerdo en su diagnóstico. El asunto llegó a tal grado que la Sociedad de Neurología y Psiquiatría de México organizó un seminario para analizar la psicopatología de Cárdenas, pero las conclusiones fueron de los más confusas: unos lo catalogaron como esquizofrénico, otros como necrófilo con desdoblamiento de la personalidad, heredohíetico obsesivo, epiléptico psíquico entre muchas otras. En 1943 fue trasladado al manicomio de la Castañeda en la Ciudad de México, para purgar su pena de prisión perpetua. No obstante, debido a su buen comportamiento, Gregorio fue dispensado de incomodidades como la vigilancia sobre su persona. En diciembre de 1947, el multihomicida escapó y fue detenido en el estado de Oaxaca para ser recluido en la Penitenciaría del Distrito Federal, mejor conocida como Lecumberri. En el llamado Castillo Negro y bajo la asesoría de uno de los criminalistas que tuvo la tarea de investigarlo, Alfonso Quiroz, Gregorio estudió leyes, y se convirtió en abogado y preso modelo. Al cierre de la penitenciaría, en 1976, fue liberado para posteriormente casarse y convertirse en un ciudadano ejemplar, pintor de caballete y que incluso fue invitado a hablar frente al Congreso de la Unión sobre la eficacia del modelo de readaptación carcelario. Goyo murió en 1999 sin volver a matar. |