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El asesino en serie: El Vampiro de Düsseldorf

 

La violencia empleada en sus recurrentes crímenes dio a Peter Kürten un carácter excepcional entre los asesinos seriales del siglo XX. En buena medida se le considera una pieza clave para la construcción de ese perfil criminológico, y aún cautiva la imaginación colectiva. Kürten nació en Colonia en 1883, en el seno de una familia muy pobre, dominada por el alcoholismo y los maltratos de su padre. Al parecer, a los nueve años ahogó a dos amigos en un lago y a los 10 su familia se trasladó a Düsseldorf, donde siguió viviendo bajo enormes presiones personales.

Antes de la adolescencia intentó huir de casa en varias ocasiones y ya daba muestras de gran crueldad torturando animales callejeros. Mantenía relaciones sexuales con ovejas y perros que degollaba en el momento del orgasmo, práctica que le enseño un amigo drogadicto que conoció en la calle. Se dice, incluso, que en alguna ocasión intentó abusar de sus hermanos. Su verdadera conducta criminal comenzó poco después, cuando trasladó su crueldad común con los animales a los seres humanos.

HOMICIDA EN SERIE: en 1913 asesinó y degolló a Christine Klein, una niña de 13 años, mientras se hallaba dormida en su casa. Pasó algún tiempo en la cárcel pero libró la acción de la justicia y se casó con una mujer común. Comenzó a trabajar como chofer de autobuses y daba una imagen pulcra y respetable: vestía siempre con elegancia, la raya de su peinado era perfecta y estaba en buenas relaciones con sus vecinos. Así permaneció un tiempo, más o menos tranquilo, dedicado al activismo político y empleado como trabajador en una fábrica.

A partir de 1925, la tranquila ciudad de Düsseldorf comenzó a vivir una ola de crímenes que pronto fueron comparados con los del ya para entonces legendario Jack “el Destripador”. Las víctimas favoritas eran niñas, que sufrían abuso sexual para luego ser estranguladas y apuñaladas numerosas veces. La policía no contaba con pistas  sobre el autor de estos hechos, a quien pronto apodaron “El Vampiro de Düsseldorf” pues ingería la sangre de los cadáveres antes de quemarlos. Su año más sanguinario fue 1929, cuando sacrificó a cuatro personas. Ya entonces se le culpaba de ocho asesinatos y catorce asaltos a condominios; él mismo daba aviso de sus actos mediante cartas sin firma enviadas a la redacción de los periódicos.

La población vivía un episodio de genuina histeria colectiva por termo al asesino. La policía no lograba detener la ola criminal y recurrió a  métodos poco ortodoxos, como solicitar la cooperación de bandas callejeras y hampones del bajo mundo para obtener pistas. La identidad del criminal, como suele ocurrir con todos los asesinos seriales, llegó a conocerse a causa de un error cometido por él mismo. En 1930 intentó matar a una empleada doméstica llamada María Budlick, pero ésta logró escapar con vida, acudió a la policía y ayudó a elaborar un bien logrado retrato hablado del criminal.

LA DETENCIÓN: El retrato se publicó en los diarios importantes de la ciudad y Kürten se inquietó al verlo. Sin pensar bien en lo que hacía, le relató a su esposa todos los crímenes que había cometido. Ella perdió el conocimiento a causa de la impresión, pero más tarde decidió acudir a la policía, en buena medida para obtener la cuantiosa recompensa que se ofrecía a quien aportara información sobre la identidad del criminal. Kürten se entregó el 24 de mayo de 1930 y fue sometido a juicio. En la prisión tuvo carias sesiones con el psiquiatra Karl Berg, a quien narró a detalle un conjunto de ochenta crímenes ante los que no parecía experimentar ninguna emoción. Durante el proceso relató que sentía adicción por la sangre humana. El estudio de Berg sobre el caso es una obra pionera en la exploración de los asesinos en serie. Revela, entre otros aspectos, que Kürten comprendía sus acciones: “Cometí mis actos por impulsos sádicos, conseguía placer al ver el resplandor del fuego y los gritos pidiendo ayuda”. Aseguraba que su conducta era resultado de su difícil infancia y apelaba al juicio de Dios:

“No tengo ningún remordimiento. Nunca pensé que lo que hice era malo, aunque la sociedad humana lo condena. Mi sangre y la sangre de mis víctimas estarán en las vidas de mis torturadores. Debe haber un ser más alto que dio la primera chispa vital a la vida. Ese ser más alto juzgará mis acciones buenas y cobrará venganza de esta injusticia. Los castigos que he sufrido han destruido tomas mis sensaciones como humano. Por eso no tenia ninguna compasión para mis víctimas.”

Para entonces el caso ya era conocido en toda Alemania, donde miles de personas estaban al pendiente del veredicto. Aunque un grupo de especialistas en salud mental intentó presentar un alegato de locura, fue condenado a varias penas de muerte y se dispuso que muriera guillotinado. Horrorizando a las autoridades Kürten se manifestó de acuerdo con el veredicto y pidió su última voluntad: “Dígame, después de que mi cabeza se haya desprendido del cuerpo, ¿podré oír, por lo menos por un momento, el sonido de mi propia sangre cuando brote de mi cuello? Sería el mayor placer para terminar todos mis placeres”

La ejecución se llevó a cabo a las 6:00 del 2 de julio de 1931. En el mismo año el director alemán Fritz Lang realizó la película M, el vampiro de Düsseldorf, su primera cinta sonora, hoy convertida en un clásico por su estética expresionista y la destacada interpretación de Peter Lorre en el papel de Kürten.

 

 

 

 
Corruptora de Menores Mary Letourneau
 

Mary Kay Letourneau, de 34 años, estaba cansada con su apuesto marido Steven y era madre de cuatro hijos. En su hogar, ubicado en Des Moines, Washington, se vivía una situación tensa, pues tenían dificultades económicas  y ella sospechaba que el esposo la engañaba con otra mujer. Mary Kay trabajaba como maestra en una escuela de la ciudad y con frecuencia invitaba a su casa a Vili Fualaau, un alumno de 13 años de origen samoano. Tenían seis años de conocerse y Steven pensaba que para ella el niño era una especie de hijo adoptivo. Lo irritaba su constante presencia en la casa familiar y los desmedidos elogios de Mary Kay hacia él.

Una tarde de junio de 1996 Steven llegó a casa y le disgustó que el niño se encontrara allí. Comenzó a sostener una ácida discusión con su esposa y Vili salió corriendo a la calle. Instantes después Mary Kay abordó su automóvil y salió a buscarlo. Se encontraron unas cuadras más adelante y lo invitó a subir. Estacionados en una orilla de la calle ella le contó en detalle sus dificultades matrimoniales y él la abrazó para consolarla. Comenzaron a besarse y a acariciarse en  una situación sexual.

Un policía que vigilaba las calles se aproximó al auto y le preguntó s Mary Kay qué estaban haciendo. Ella le respondió que se hallaba al cuidado de Vili mientras su madre trabajaba. Suspicaz, el policía quiso saber la edad del chico y no creyó cuando le respondieron que tenía 18 años. Ambos fueron conducidos a la delegación cercana y los policías solicitaron la presencia de Soona Fualaau, madre del menor.

La señora no pareció moleta por los hechos ni solicitó mayores averiguaciones, por lo que ambos fueron dejados en libertad. Unos días después la maestra y el alumno, separados por más de 20 años de edad, se hicieron amantes. De  acuerdo con el testimonio posterior del niño, por aquel entonces hicieron el amor más de 300 veces. Al poco tiempo ella quedó embarazada.

LA ACCIÓN LEGAL: A finales de 1996 Steven comenzó a sospechar que el niño  no era suyo, sino de Vili, e intentó provocarle un aborto. Furioso comentó sus sospechas con algunos miembros de su familia. El 25 de febrero de 1997 hizo una llamada anónima al Servicio Local de Protección a la Infancia para denunciar que Mary Kay mantenía relacione con un niño de 13 años. Un detective interrogó a Vili, quien le confesó que eran amantes. La maestra fue arrestada y sujeta a investigación, por el temor de que hubiera abusado de otros menores. No hallaron ninguna prueba en ese sentido.

Quedó libre bajo fianza, pero fue despedida de la escuela. Steven la dejó y le prohibió buscar a sus hijos. Lo más inquietante del caso es que el pequeño Vili aseguraba que él se sentía contento con la relación. Su madre, aunque se mostraba en desacuerdo con el vínculo sexual, consideraba que Mary Kay no debería estar sujeta a un  proceso judicial.

En 1995 nació la hija de la singular pareja. Aunque la corte le prohibió ver a Vili, éste visitaba a su pequeña, y según el testimonio de sus amistades, él actuaba como genuino padre de la criatura: le cambiaba los pañales y calentaba biberones. Pero para las leyes del estado de Washington, Vili se hallaba por debajo de la edad necesaria para consentir en tener relaciones sexuales, y Mary Kay era, simplemente, su violadora.

Las evaluaciones psiquiátricas determinaron que  la maestra padecía una perturbación mental que la había hecho buscar a Vili. Su abogado negoció un acuerdo con las autoridades. Ella se declararía culpable del delito de violación y estaría en tratamiento psiquiátrico por seis meses. Tras una breve reclusión en la cárcel, se integraría a un programa de rehabilitación para delincuentes sexuales. La juez aceptó el trato con dos condiciones: la madre de Vili tendría la custodia de la niña, y Mary Kay se comprometí a no volver a ver jamás a Vili.

Las cosas se desarrollaron de acuerdo a ese plan y en enero de 1998 la maestra quedó en libertad. Tan sólo un mes después, la policía del estado halló a la pareja mientras hacía el amor en un automóvil. Mary Kay fue detenida y descubrió que, de nuevo, estaba embarazada. En octubre de ese año dio a luz a su segunda hija con Vili, que le fue entregada al padre, y a la abuela, para su custodia.

UN FELIZ DESENLANCE: Mary Kay quedó en libertad el 4 de agosto de 2004, cuando tenía 42 años. Vili había alcanzado la mayoría de edad y solicitó al juez anular la orden que les impedía estar en contacto. El 20 de mayo de 2005 la pareja se casó durante una transmisión exclusiva del programa Entertainment Tonight. Su vida posterior se desarrolló como la de un matrimonio común, con una situación económica desahogada por la gran cantidad de programas y publicaciones relacionadas con su historia.

El desenlace positivo de los acontecimientos sigue desconcertando a la opinión pública estadounidense. Los medios más conservadores aseguran que la historia de Vili y Mary Kay debe verse como un fenómeno aislado y atípico, que no es digno de ser catalogado. De ninguna manera puede considerarse un ejemplo a seguir, aseguran, pues en su base se encuentra uno de los asuntos más polémicos en los debates jurídicos actuales: las relaciones sexuales entre un adulto y un menor. A pesar de ese hecho incuestionable el amor de Vili y Mary Kay sigue cautivando a un público desencantado de las relaciones humanas comunes y convencionales.

 

 
 
 
Asesinas en Serie: Las Poquianchis

 

 

A mediados de la década de 1960 la sociedad mexicana se conmocionó ante las revelaciones de la prensa sobre un caso que incluía corrupción de menores, redes de prostitución, secuestro y decenas de asesinatos. La madeja comenzó a deshacerse en enero de 1964, cuando la menor Catalina Ortega acudió a su madre para solicitar su auxilio pues había permanecido cautiva en una casa del rancho Loma de San Ángel, en San Francisco del Rincón, Guanajuato. Las hermanas Delfina, Eva y María de Jesús González Valenzuela, dedicadas a la trata de blancas, la habían privado de su libertad durante varios meses sin contar los maltratos recibidos.

La madre de Catalina solicitó ayuda a las autoridades policiacas y, en un rápido operativo, los agentes uniformados  y los miembros de la Policía Judicial se presentaron en el domicilio indicado por ellas. Allí descubrieron a 15 jóvenes y tres niños cautivos en pésimas condiciones de higiene; asustaos y con claras huellas de violencia física y psicológica. Según se indagó, llevaban varios días sin recibir alimento. Por los primeros interrogatorios se supo que las jóvenes eran obligadas a mantener relaciones sexuales con los clientes de un lucrativo negocio de prostitución.

Pero lo más perturbador fue el hallazgo de varios restos humanos sepultados en terrenos de la misma propiedad. De acuerdo con las investigaciones posteriores, correspondían a varias prostitutas que habían trabajado al mando de las hermanas González Valenzuela y fueron asesinadas cuando dejaron de resultarles útiles. También estaban  los restos de algunos niños, fetos y clientes del prostíbulo.

LUCRATIVO NEGOCIO: Las publicaciones periódicas de la época, en especial de la revista 0 publicaron docenas de fotografías de los cuerpos exhumados y dieron un completo seguimiento a los hechos. Originarias del estado de Jalisco, Delfina, Eva,  María de Jesús González Valenzuela habían comenzado su negocio en 1958 cuando abrieron dos prostíbulos, uno en León y otro en San Francisco del Rincón. El local de León pertenecía a un homosexual apodado el “el Poquianchis”, palabra con la que se conoció al establecimiento y, más adelante, a las González Valenzuela. Estas mujeres reclutaban al personal de sus antros en los estados cercaos. Cuando las jóvenes sospechaban que la promesa de un trabajo formal era sólo un engaño, los reclutadores de las Poquianchis las secuestraban. En otras ocasiones las “compraban” a sus padres o familiares. Una vez que se habían apoderado de ellas, las obligaban  a prestar servicios sexuales a los numerosos clientes del burdel los grandes cómplices de las Poquianchis. Cuando no las obedecían, las tundían a palos, las mantenían encerradas por largas temporadas y, si quedaban embarazadas, las obligaban a abortar o mataban a sus hijos recién nacidos.

Teniendo en cuenta que bajo semejantes condiciones la “vida útil” de estas jóvenes era muy reducida, una vez que caían del favor de la clientela, las confinaban en el alejado rancho de loma San Ángel, donde las mantenían sin agua  ni comida hasta que terminaban por morir. Se supo también que varios de los ricos visitantes del negocio murieron por instrucciones de las hermanas con la sola finalidad de quitarles la cartera.

De acuerdo con los primeros datos obtenidos en la época, las temibles Poquianchis habían secuestrado a cien personas de las cuales 30 habían muerto asesinadas.

La verdad de los hechos se supo décadas después. En 2002, por ejemplo, durante las excavaciones para la construcción de un fraccionamiento en Purísima de Bustos, Guanajuato, se halló otro cementerio clandestino de las hermanas con, por lo menos, otros veinte cuerpos. De esta forma, el número de sus víctimas aumentó a casi cien.

EL DESTINO DE LAS TRES LENONAS: Las hermanas fueron detenidas por las autoridades y juzgadas por su larga cadena de crímenes. Los periódicos no escatimaron adjetivos: “la más negra historia del bajo mundo”, “sádicos asesinatos”, “crueles torturadoras”, “bestiales crímenes”, “eran infernales”… entre otros que figuraron en los encabezados. La revista Alarma! Siguió paso a paso el proceso judicial y consiguió una entrevista exclusiva con ellas, publicada en una edición que llegó a vender dos millones de ejemplares en una sola semana.

La información reveló la extensa red de complicidades tejida por las hermanas con personajes ricos de la región, la policía, las autoridades municipales y hasta miembros del ejército que toleraban sus delitos a cambio de sobornos y servicios sexuales gratuitos. Funcionaban como genuinas empresarias con la consiguiente derrama económica en sus centros de operación y el dinero suficiente para evadir la justicia.

Condenadas a 40 años de prisión en celdas sucias y miserables, las hermanas murieron en la cárcel, una de ellas privada de razón y temerosa de que las otras internas la lincharan. Las mujeres inspiraron al menos un gran libro, Las muertas, de Jorge Ibargüengoitia (1977), y una notable película, Las Poquianchis (1976), de Felipe Calzas. Hoy día los lugares donde cometieron sus delitos están semiabandonados. Una inquilina irregular de esas propiedades asegura que, por las noches, penan por allí los fantasmas de las jóvenes que padecieron entre sus paredes.

 

 
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